Saturday, December 13, 2008

CIENTÍFICOS EN CUATRO PATAS

Sobre la razón y demás mentiritas

La definición fundamental de razón es la de una facultad del hombre que le permite reflexionar, discurrir, analizar, cuestionar, decidir y formular. Es imprescindible en la definición clásica de la razón la aclaración de que se trata de una facultad únicamente humana que distingue al hombre de los animales y demás seres vivos, que sólo responden a sus instintos.

El hombre, incluso habiendo descubierto la inmensidad inalcanzable y hasta incomprensible del conocimiento –ya sea en la cosmología, en la física cuántica o cualquier rama del saber- , sigue dándose el gusto de subestimar a la mentalidad animal y natural. 

Acusa a los animales de carencia de inteligencia, de razón, de libertad, de conciencia, de lenguaje, cultura, de capacidades intelectuales. Esta idea nace, principalmente, del hecho que jamás ha visto a un animal adoptar ciertos comportamientos humanos; esto incluye desde utilizar una lanza para cazar una presa hasta concebir una obra artística según un concepto claro de belleza, armonía y proporción. Es decir, el hombre considera su modo de actuar como sistema de referencia de lo que es superior y civilizado. Considera también que su mentalidad abarca ramas que al animal le resultarían inalcanzables, como la ciencia, el arte o la religión. Pero, en verdad, ese juicio brota de su total desconocimiento de lo códigos animales. 

Nos cuesta imaginar que un animal conciba una “verdad”, un “absoluto”, una “ley” o conceptos como “tiempo”, “muerte” o “venganza”, pues nuestras indagaciones aun no nos han revelado su compleja mentalidad, sus verdaderas ideas. 

Sin embargo, las ideas animales, aún estando en su máxima expresión y expuestas de forma evidente, jamás podrán ser decodificadas y comprendidas en forma total por el hombre moderno. Éste ni siquiera puede llegar ha comprender ciertos códigos de comunidades humanas aisladas de su “civilización”. Sin embargo, muchos se esmeran por intentar describir aquellos comportamientos que les son ajenos. Entonces cabría preguntarse ¿Cómo podría comprenderse la mentalidad animal si el único medio institucionalizado y socialmente aceptado para transmitir conocimiento de esta índole es el lenguaje escrito –siendo éste una construcción tan herméticamente humana-? 

Tal vez, para decodificar la mentalidad animal haga falta la utilización de otros medios, como la pintura o la música –incluso algo tan absurdo para las estructuras formales como sucesiones de movimientos y sonidos frenéticos e irracionales-. Son necesarios nuevos códigos, nuevas construcciones autónomas regidas por su propio sistema de leyes -independiente de las construcciones humanas-; pues hay sensaciones, ideas, conceptos, creencias, etc. que van más allá de la palabra, más allá de los conceptos humanos, más allá de lo considerado “bueno” y “malo”, “racional e “irracional”, más allá de los límites del mismo hombre. 

¿Cómo va a interpretarse esta mentalidad, de una naturaleza distinta (aunque no en su esencia biológica) a la humana, si se intenta hacerla encajar de una u otra forma en las estructuras del pensamiento humano? No se trata de esperar a que las verdades de una mentalidad compleja y diferente se revelen de forma inteligible para un análisis científico determinista e institucionalmente aceptado, sino que se trata de buscar los medios para amoldarnos al verdadero sistema de referencia: el animal, y no el hombre. Se trata de adquirir los ojos del animal, la mente del animal, las patas del animal. Aunque resulta difícil concebir a un científico andando en cuatro patas y ladrando.

¿Cómo podría el hombre describir algo tan complejo como el sexto sentido del tiburón –que le permite captar campos eléctricos- o la interpretación de los ecos en el murciélago? ¿Cómo podría comprender la realidad de la serpiente, que percibe el calor irradiado por los seres vivos mediante receptores infrarrojos? ¿Con qué palabras de su vocabulario podría definir la percepción que alcanzan los insectos con sus antenas? ¿Cómo podría siquiera concebir una realidad determinada por un par de antenas? ¿Con qué letras o números podría expresar la visión del entorno de un ave como el águila, dotada de un agudo sentido de la vista que le permite lanzarse en picada desde inmensas alturas sobre sus objetivos? ¿Cómo podría adentrarse el hombre, con su mentalidad impregnada de auto-veneración, en esas realidades? Habrá que librarse –además del culto del hombre al hombre- de la monarquía del nominalismo.

Aquellas virtudes que se atribuyen los seres humanos son solo palabras. Son representaciones del orgullo del hombre con respecto a su obrar y su pensar. 

Suena irónico, pero no es del todo absurdo, imaginar a un animal –cualquiera sea- totalmente convencido –así como el hombre- de que su obrar y su pensar es superior al de los demás seres que lo rodean. 

La máscara de la virtud humana está pintada con auto-veneración, pues el hombre considera sus propios actos y pensamientos como “racionales”, “superiores”, “evolucionados”, etc. ¿Pero por qué? Porque esa actitud le ha implantado la experiencia. 

Por más obvia que suene la aclaración, nadie va a defender una verdad que le sea ajena, pues hace falta esa cuota de consecuencia del individuo con su propia experiencia, que abarca todo lo vivido, lo aprendido, lo investigado y lo analizado por él. Por ejemplo, ante la pregunta sobre la existencia de Dios, hay miles de respuestas, y cada uno de los que plantea su opinión está más que convencido de lo que dice, pues eso aprendió en la escuela, o eso leyó en sus libros, o eso investigó toda su vida, o eso le dijo alguien en quien confía, o eso interpretó del algún hecho vivido; pero el punto es que, nuevamente, la persona legitima su juicio en el proceso de construcción de sus ideas a partir de su experiencia. Antes que considerar los límites del alcance de su conocimiento prefiere conservar y jactarse de las migajas de “verdad” que ha podido descubrir con el paso de su vida.

La razón y todos los demás atributos que se otorga a sí mismo el hombre -que le permiten concebirse como un ser superior por encima del mundo natural- no es más que una máscara de auto-veneración.

Detrás de la gran máscara de la virtud humana se esconde un verdadero animal. Se esconden la voluntad de vivir y la sed de poder, de reproducirse y de expandirse. Tras la máscara habita el hambre latente y biológica. 

12 comentarios:

sandra barrozo said...

lo confieso!!! no he leído ni una sola palabra de lo que escribiste, prometo pasar en otro momento y leerlo detenidamente.
el motivo de mi visita, es pasarte una página que me encantó:

http://www.chetzar.com/

sí sí, ya sé que estás esudiando, pero cuando tengas un tiempito, mirala!!!

un beso hijito postizo!

sandrita

sandra barrozo said...

puf, fe de erratas:

donde dice: esudiando
debe decir: estudiando

Emiliano Ciarlante said...

Sandrita! Espectaculares los laburos de ese hijo de puta. En un momento temí que fuera de esos pendejos prodigio, pero me tranquilicé cuando vi que tenía unos cuarenta y pico de años.

Pregunta: Cuándo vas a andar exponiendo en el MMAM?

Ahora, volviendo al otro tema, te hago mis recomendations:

-Juan Jiménez
-Oscar Chichoni
-Vicente Segrelles
-Paolo Serpieri
-Sergio Toppi
-Berni Wrightson
-Jorge Zaffino
-Enrique Alcatena
-Mike Mignola
-Frank Miller
-Simon Bisley
-Jean Giraud
-Frank Frazetta
-Glen Fabry

Me fui al carajo, jeje

Pero bueno, mirate algunitos cuando puedas.

Saludos y espero la respuesta sobre la muestra.

sandra barrozo said...

en febrero me comunican si soy digna de colgar mis pinturas en esas paredes.
prometo contarte cuando lo sepa

felicitaciones egresado!

Arielus said...

La temática de este escrito, no voy a callarlo, está muy trillado. Sin embargo Emi Ciarlante tenés una capacidad de redacción sorprendente, siempre dejas tu sello que renueva lo que parece viejo.

Especialmente en esta parte:
"Suena irónico, pero no es del todo absurdo, imaginar a un animal –cualquiera sea- totalmente convencido –así como el hombre- de que su obrar y su pensar es superior al de los demás seres que lo rodean."

Como estudiante de Biología y anarquista pacifista con ciertos principios budistas, puedo decirte que de lo que has hablado ha sido tema que ha merodeado por mi mente durante mucho tiempo (y aun continua allí) haciendome reflexionar y pensar.

Creo que soy como soy, estudio lo que estudio y pienso lo que pienso, porque siempre el hombre me ha parecido un ser demasiado egoista para vivir en una Tierra compartida. Siempre tan soberbio y arrogante, orgulloso de sus faltas justificadas en que solo el puede decidir y ejecutar lo que hace, porque claro, solo él tiene la razón para hacerlo, no?

Muy bueno el texto, me encantó la parte que he citado y esto me recuerda a algo que me decía un profesor de lenguajes expresivos: "ni peor, ni mejor. Solo distintos"

Es algo que considero que todos los hombres deberian aprender para calmar su soberbia y su autoveneración como vos decis, porque con está mentalidad, el hombre nunca será merecedor de ser llamado la especia dominante. Así le quedaria mejor la denominación "montruo que aprendio a organizarse mejor que los demás seres y los golpeo y se golpea a si mismo para no sentirse menos que los demás aunque esto le cueste su autodestrucción"
o simplemente "montruo dominante" asi es más corto.

Señor me ha dejado satisfecho como siempre, un abrazo.

ArieluS

Emiliano Ciarlante said...

Maestro! No sabía que su filosofía anarco-budista aprobaba este tipo de planteos.

El tema del respeto a la Naturaleza ha estado muy impregnado en mi cabeza desde siempre.

Después de hachar en el bosque cercano a mi casita en Suiza (aclaro que hachaba cosas muertas, como troncos secos y demás)siempre agradecía a los árboles y a las demás plantas.

Las tormentas, los relámpagos y los truenos los siento casi como un afrodisíaco mental (no se me ocurre otra palabra, es más que eso en realidad -ja, volviendo al tema de la "monarquía del nominalismo"-).

También está esa sensación de gran compasión que siento por los bichos, al punto que no mato una mierda -excepto mosquitos-.

Eso es todo por hoy....

Saludos Mr, que le vaya todo muy bien.

ile ilena said...

Hola, hola,

lindo el post. Como amante de la naturaleza que soy (algo habrás heredado) y estudiosa intrigada de los secretos fascinantes que esconde, pienso que no es malo que el hombre intente comprender estos misterios del comportamiento animal. Claro, lo difícil es sustraerse del marco humano de referencia.
Pero, con el tiempo, uno comprende que sólo somos unos pequeñitos habitantes más de este planeta, y que nos extinguiremos como tantas otras especies en esta dinámica de la vida. Y bueno, tenemos algunas herramientas mentales que nos permiten ver (a nuestra manera) e intentar comprender algo sobre los seres que viven con nosotros. Claro, estos no nos convierte en superiores ni mucho menos.
Y esto va para las relaciones hombre-animales, hombre-plantas, hombre-hombre. Porque no es de extrañar que nos creamos superiores a los animales cuando también algunos nos veamos superiores a otras personas, no?

Saludos,

ilena

Emiliano Ciarlante said...

Viejita, con que se hizo un blog!

Qué bien! Ya leí los posts y me gustaron. Están muy interesantes algunas descripciones de sensaciones y de paisajes.

Fijate de leer "El Fin" de Borges, en donde hay unas descripciones de paisajes espectaculares.

Se nota que te gusta el tema Naturaleza, niños y sueños. Espero que sigas posteando más. Yo estaré atento.

Saludos!

PD: Poné más fotos del estilo de las de los pueblitos franchutes!

The Joker said...

Creo que si hay una diferencia entre los animales y nosotros, no solo somos simplemente "diferentes". Seguro los animales tienen grandes capacidades, no son inferiores, pero no las usan destructivamente, al menos por ahora... Probablemente eso los haga superiores... Tengo la teoría de que los monos conspirarán contra nosotros, pero ese es otro tema.

Saludos llenos de instinto animal.

The Joker said...

Los monos están conspirando contra nosotros, lo veo en sus ojos. Quieren exterminarnos, somos la causa de su rabia, sus bocas espuman. Pronto nos llegará el final, ellos tendrán su libertad, todos vamos a morir. Pero nadie quiere creerlo, ciegos como siempre. Llegará con los simios un mundo más justo, pero Darwin tenía razón...

Volverá la indiferencia, el desinterés. Matarán en nombre del sagrado King-Kong, violarán las leyes de la selva y oprimirán a la mona. No habrá oportunidad para los pulguientos. Todo será como antes, pero más peludo.

Por suerte, para ese entonces los delfines ya van a estar preparando su Revolución.

Emiliano Ciarlante said...

Hola, Joker, gracias por tus comentarios.

Creo que en realidad los animales sí usan sus capacidades para la destrucción: el león que vence a otro y se apodera de sus hembras lo primero que hace es asesinar a las crías de su antecesor. La naturaleza es cruel.

El tema es que es la violencia justa. No es un instinto de destrucción tan ámplio, como el que nosotros poseemos.

Yo creo que basicamente se trata de un mismo impulso de dominio que tiene todo ser con vida, una suerte de voluntad del poder, que se expande hasta los límites de la realidad de cada individuo o grupo de individuos.

Los hombres queremos apoderarnos de la realidad que concebimos. El león, de su realidad.

Al menos al león no se le ocurre escribir un manifiesto sobre ... o declarar una cruzada contra ...

En fin, creo que son fuerzas muy similares las que operan, lo que realmente cambia es la VERDAD de los individuos, la realidad percibida, ese mundo que quiere ser conquistado.

Te dejo un saludazo, loco!

J.M. Al-Anis said...

morcis morcis
no recuerdo si ya te dí este link... pero eniwei, te lo paso acá ya que guarda relación (y bastante interesante relación) con tu post (mmmm.... si es el que se supone que creo, jejeje, no voy a leerlo de nuevo).

documental de discovery channel sobre la inteligencia de los animales (sin contar los humanos) :D

http://www.megavideo.com/?v=2B5MNEMF


ich liebe dich viel muchooo!! :)
bis mouguen, mein loquito