
Nos queda estar a la espera de la próxima "pandemia". A ver qué se les ocurrirá esta vez.
¡Saludos!
Blog de mierda sin tipos lindos ni minas en bolas, fruto de una cabeza que no sabe callarse.


CUMBIA FILOSÓFICA
(Una versión distinta a la anterior. Está extendida y no está planteada como discurso)
¿Dios ha muerto?
Buenos días, hombres libres. Me presento: Soy un esclavo. Desde siempre he vivido cargando el peso de mis cadenas. Mis señores, los dioses, me vigilan día y noche desde lo alto. No hay forma de que me libere de ellos. Ya son parte de mi vida. Están en mi voz, en mis gestos, en mis ademanes, en mis pensamientos. En todo ¿Y qué hay de sus dioses?
Las palabras del filósofo alemán Friedrich Nietzsche en su Así habló Zaratustra fueron claras: “Dios ha muerto”. Y si no hay más Dios, entonces una nueva generación de hombres, los superhombres, ocuparán su lugar como creadores de valores. Serán la encarnación del vitalismo y la fuerza, “Goethe y Napoleón en una sola persona”. Las escandalosas palabras del filósofo irracionalista pasaron a formar parte de una nueva biblia: la Biblia Atea.
No vamos a invertir tiempo en ahondar en el sustento filosófico-sociológico-psicológico del ateísmo, pues con eso podríamos escribir una saga infinita: autores como Stirner, Proudhon, Bakunin, Marx, Feuerbach, Freud, Comte son unos de los incontables ejemplos de pensadores que han combatido la idea de un Dios Todopoderoso que rige a los hombres desde lo alto. Frases como “la religión es el opio del pueblo” o “existió Auschwitz, no existe Dios” se han convertido en gritos de combate del ateísmo.
La finalidad de este encuentro es poner en la mira el espíritu del ateísmo, no ahondar en las bases teóricas del mismo ¿Cuál es el espíritu de una creencia que afirma la inexistencia de cualquier dios, que niega toda dimensión extraterrenal?
Los hombres que han visto en la creencia en Dios un juego para niños o un mero método de dominio de los tiranos no difieren de aquellos primeros cristianos que con repugnancia contemplaron a las culturas paganas, ni tampoco de los antiguos hijos de Yavhé, que con sus sagradas escrituras hicieron de los dioses mundanos abominables demonios.
¿Qué se está presenciando con el fortalecimiento cada vez mayor del ateísmo en todo el mundo? Muchos plantean que se trata de la crisis del Posmodernismo: los metarrelatos han muerto, ya no hay búsquedas por alcanzar la Verdad. Pero es algo más. No se trata de la muerte de la Verdad, se trata del nacimiento de una nueva. El nacimiento de nuevos dioses, de un nuevo panteón. Cambian los símbolos, cambian las leyes, cambian las biblias, pero Dios está vivo. La “muerte de Dios” que anunció Nietzsche es sólo la muerte de una verdad de antaño.
Muchos ateos, sobre todo aquellos que como único sustento tienen el resentimiento, creen ser libres de todo yugo. Pero, como dijo Wolfgang Von Goethe: “Nadie está tan desesperadamente esclavizado como aquel que cree falsamente que es libre”.
¿Creen que son libres porque no tienen la obligación de mantener un voto de castidad? ¿Creen que son libres porque no rezan a Dios por la noches, o porque no temen ir al Infierno? ¿Creen acaso las mujeres aquí presentes que son libres por no tener que envolverse en telas negras o ser quemadas junto con el cuerpo de sus maridos? ¿Creen que han roto todas las cadenas?
Todo lo contrario a la famosa frase de Sartre: “estamos condenados a ser libres”. Los hombres nacemos y morimos con cadenas. El ateísmo, que parece jactarse de su libre albedrío frente a los otros pobres “esclavos”, no es otra cosa que la devoción al vacío divinizado ¡Eso mismo! ¡Tal como se oye! ¡También se cree en la nada! ¡Como se cree en Marduk o en Ahura Mazda! Es una religión nacida del resentimiento, tal como muchas otras.
Desde siempre las sociedades han concebido dimensiones ficticias habitadas por dioses, verdades, leyes y demás absolutos con un sinfín de nombres. Desde el animismo del hombre primitivo hasta el “no-Dios” de los ateos. Muchas veces parecen contradecirse. Pero son lo mismo ¡Es la misma autoridad, pero con mil caras!
Los ateos también poseen, como los cristianos, los judíos, los mahometanos, los hindúes, etc, su propia dimensión de absolutos ¡Igualmente sagrada para ellos como lo es la suya para un jainista o un sijista!
En Europa comenzó a verse en ciertos buses unos carteles que decían: “Probablemente Dios no existe, deja de preocuparte y disfruta la vida”. Esa es su Verdad. Esas son sus normas: la negación de todo lo anterior y la exaltación de su culto a la “vida” ¡Cuánta superación! ¡Emplean el mismo recurso que desde hace milenios se ha venido utilizando: sustentar una verdad con la negación de otra! ¡¿Acaso un Inocencio III o un Hitler no sustentaron sus “grandes” hazañas con el odio y la persecución a lo que consideraban contrario a su doctrina?!
Verdaderamente no estoy exagerando: durante la Guerra Civil Española, un grupo de anarquistas radicales, los Incontrolados, llegaron a quemar montones de iglesias y asesinar a unos siete mil religiosos. De eso estoy hablando, de ese aferramiento ciego. Aferramiento al grupo y a la ley del grupo. Dígame alguien la diferencia sustancial entre estos anarquistas y aquellos soldados que hace ya siglos se apoderaron de Jerusalén en nombre de la Cruz y pasaron por cuchillo a toda la población.
Hombres han matado y muerto por Dios. Hombres han matado y muerto por Libertad. Hombres han matado y muerto por Orden. Hombres han matado y muerto por su Nación. Hombres han matado y muerto por Igualdad. Hombres han muerto y matado por Justicia. Hombres han matado y muerto por símbolos, por palabras, por banderas, por colores, por esto y por aquello, porque esto es bueno y porque esto es malo, porque esto es verdadero y porque esto es falso, porque esto falta o porque de esto hay mucho, porque, porque….
Pero no hay que culparnos. Somos todos hombres. Así funcionamos. Somos tan débiles, tan consientes de nuestra imperfección y finitud, tan frágiles ¡Arrojados a la tierra como mierda! ¡Desnudos frente al invierno feroz¡ Y, como es de imaginar, necesitamos una manta, una manta para acurrucarnos, una manta que calme nuestro frío, una manta que nos proteja para siempre: la manta indiscutible, la manta absoluta, la manta de la verdad, la manta de las mantas ¡La única! ¡La verdadera! ¡A blanket to kill and die for!
Las verdades y las leyes, los dioses y sus mandatos, están vivos en todos nosotros. Ustedes le brindan culto al comer con cubiertos, al vestirse como lo hacen, al levantarse todas las malditas mañanas para ir a trabajar, al hacer zapping en la TV, al acostarse a dormir a medianoche ¡Toda la puta vida reglamentada! ¡Toda la puta vida mamando de modelos! ¡Incluso estamos dispuestos a sacrificarlo todo por ellos!
Ahora veo las máscaras que porta cada uno para esta ocasión, ellas forman parte del rito: todos sus gestos, sus ademanes, sus risas, sus comentarios, todo lo que se supone que tienen que hacer, decir y pensar. Esta maraña de costumbres está determinada por preceptos ¡Preceptos que forman su propio panteón en las entrañas de nuestra mentalidad! Esa es la realidad, somos una nueva generación de esclavos, sometidos a una de las mil máscaras del yugo de la Verdad.
CIENTÍFICOS EN CUATRO PATAS
Sobre la razón y demás mentiritas
What a great fucking movie...
Cada uno lleva un pelotudo atado a su personalidad. Mi pelotudez se refleja en tantas facetas que no alcanzaría un post para nombrarlas. Basta decir que soy un pelotudo más.
Pero estoy aquí para comunicarles acerca de un clase de pelotudos que me intriga. No son los pelotudos nacional socialistas, jingoístas y chauvinistas, los de los discursos sobre la pureza racial y la imposición del orden mediante la violencia, tampoco son de los pelotudos anarquistas y nihilistas que fantasean con el derrumbe de todo lo establecido, ni son tampoco los pelotudos marxistas con sus banderitas rojas y sus discursos populancheros ... no, no, son una clase muy especial de pelotudos.
Son pelotudos de la clase media que maman de los noticieros y se aprenden algunos cantitos de memoria, que comunican ideas de igualdad y justicia, que denuncian la corrupción de los políticos y que hacen notar su preocupación por el hambre en África. Son pelotudos que se clasifican como "normales" y creen tener el compromiso de encaminar al mundo en las vías del progreso.
Les gusta pintarse como liberalongos y de seguro aprueban el aborto y todo lo que consideren un avance de este híbrido caótico hacia una definitiva "civilización". Pero en realidad están bastante podridos por dentro. Como dije, sólo se saben algunos cantitos de memoria.
En cuanto uno se aleja, empiezan con sus comentarios en contra de los inmigrantes, o de los "negros", o de los "putos" y en algunos casos hasta demuestran resentimiento con los artistas. Sin embargo, ellos nunca hablarán mal de un judío, puesto que eso significaría ser un "nazi", uno de los calificativos que les encanta utilizar para humillar a otras personas y reafirmar su "normalidad". Pues claro, a ellos les enseñaron que un un señor de bigote muy muy malo ordenó asesinar a millones de judíos. Todos creen eso. Los "normales" también, entonces.
Se oponen al imperialismo. Se oponen a las políticas militaristas y segregadoras. Sin embargo, después salen con comentarios como " a estos XXX habría que matarlos a todos!" o son de los primeros en humillar o dejar de lado a los pobres "anormales", por una cuestión ¿quién sabe? hasta instintivamente eugenésica.
Están envueltos en la más fina soberbia y se fundamentan en el modelo de buen ciudadano que les enseña la escuela primaria. Estos espécimenes ocupan las filas de los cargos públicos y muchas veces saben guiar muy bien la batuta, utilizando las palabras mágicas "pueblo unido", "pan y trabajo", "libertad e igualdad", "justicia y seguridad", etc. Como verán, incluso, en algunos casos, se tiran hacia el discurso socialista, quedando aún más como payasos.
Son ellos! Sí! Ellos! Los pelotudos mediocres, indefensos tras su pulcra coraza de vanidad. Son los "civilizados", los "normales", los "correctos". Una clase de pelotudos sumamente débiles que se amarran a un ideal de traje y corbata. Pelotudos que realmente no creen en nada. Frívolos. Materialistas. Utilitaristas. Elitistas. Prosaicos. Gregarios. Anodinos.
Son de la clase de porquería que, embriagada en su "normalidad", se habría tragado hasta el último bocado de la propaganda nacionalista de Goebbels. Que habría quemado los libros prohibidos en la Bebelplatz. De la clase de lacras bebedoras de ley que habrían asesinado civiles inocentes en Oradour-Sur-Glane. De la clase de mediocres que se estudian los himnos nacionales y las fechas patrias sin tener la más puta idea de dónde están parados. Pelotudos que se bañan en las opiniones y posturas de la gran mayoría porque no tienen las agallas suficientes para enfrentarse al espejo.
Son tan putamente irrisorios. Pero justamente por eso no me quejo. Hacen falta! Sino ¿De dónde saco ideas para los posts de este blog?.....
Gracias por existir, señores "normales". Y agradecimientos especiales al analfabeto mediocre que comentó hace poco y me acusó de drogadicto. Son geniales estos tipos! Tienen una creatividad bárbara!
Saludos a los demás lectores (los de siempre y los fugaces) y cordiales disculpas por este post agresivo.
*Para los amigos extranjeros: "Pelotudo" es una obscenidad de nacionalidad argentina que no tiene un significado claro. Literalmente significa "poseedor de grandes órganos genitales masculinos", pero es más que eso. Digamos que es de las palabras que se amoldan al contexto. Se puede decir que tal persona es pelotuda por muchos motivos, como torpeza, negligencia, ignorancia, inutilidad, falsedad, molestia, insistencia, etc. En fin, depende. En el caso de este post, es casi como un aderezo poético: "el pelotudo idealista", "el pelotudo materialista", "el pelotudo facho", "el pelotudo liberalongo". Está usado indiscriminadamente y como si no hubiera un verdadero sistema de referencia. Así lo usamos muchas veces en Argentina. Sin embargo, no es objetivo del post el condenar a los pelotudos, puesto que todos, de una u otra forma, somos unos pelotudos.
Despierta a la mañana. Espera la mesa. Espera la taza caliente. Espera la calle. Espera la gente. El maletín con sus papeles de porquería reposa en la silla, como un invitado observador. El reloj marca una hora. Los segundos avanzan. La vida comienza. Las órdenes de un nuevo día surgen junto con la luz del Sol.
Comprar el auto más nuevo. Ahorrar para el televisor con pantalla plana. Vestir la última marca de pantalones. Usar el último celular. Pan y circo. Beber y divertirse. Tomar alcohol hasta vomitar las entrañas. Ganar la guita. Ganar los aplausos. Ganar los homenajes. Ganar las miradas. Ganar a las más deseada. Coger con la quimera sexual de multitudes.
Hoy espera lo último de lo último. Lo último de la tecnología. Lo último que proclama la pantalla. La lata parlante que sujeta la dama de los carteles. La sonrisa brillante y el traje de aquel galán de la TV es tan efusiva. Un niño come su hamburguesa con doble queso y triple mostaza. Otra niña se divierte con su traje de princesa. Un hombre se rodea de mujeres con su nuevo perfume afrodisíaco. Una mujer luce su piel renovada con cremas para el cutis.
Se encienden las luces. Llegaron ellas. Con su belleza impregnada en lápiz labial. El perfume más sensual. Las damas más pomposas. La carne que cuelga de sus torsos importados de Auschwitz. Ellas también quieren su premio.
Las luces en la ciudad imponen la ley desde las alturas. Abajo, las filas interminables de ganado sometido al apetito más vil. Legiones enteras de gula. Adictos a los soporíferos que calmen su angustia. En busca de nutrientes que enciendan sus motores. Allí arriba Hassan Al Sabbah los conduce. Guía a los sicarios adictos. Les ofrece el paraíso. Pagan la entrada con su sangre.
Hoy espera la noche de historias. Historias de noches candentes. Historias de Babilonia. De putas que supieron brillar. Historias de hombres que sobreviven a la aventura de las noches. Risas. Aplausos.
Libertad, hermanos! Eso es libertad! Los esclavos libres de las gafas de sol y las polleritas. Los esclavos libres del cyber-opio. Creen haber matado a Dios. Creen no creer en nada. No tienen ley.
Son tan felices. Estáticos. Neutralizados. Apagados. Disfrutando de la madre jeringa. Sumidos en su libertad sn fronteras. Cubriéndose con su mantas de barro. Se sienten protegidos de la helada. Pero no. El invierno es putamente feroz.
Se pudren por dentro. En su interior buscan refugio las formas más oscuras. Nacen y procrean insectos abominables. Patas largas y quebradizas. Adornadas con pequeños pelillos. Antenas como cables caídos. Cuerpos duros y acorazados. Se alimentan de su vida. Son miles. Se mueven. Se revuelcan. Vuelan. Se chocan. Se unen a millares como tripas atadas en una ceremonia majestuosa. Dan saltos y volteretas sobre la masa muerta. Él no puede sentirlos del todo. A penas son cosquilleos.
Mientras tanto su rostro parece rejuvenecer. El maquillaje parece tapar el vacío.
Crecen y crecen. Son los más bellos.
Pero su piel perfumada esconde un bestiario repugnante. Una cueva de parásitos. Grotescos. Movedizos. Inquietos. Orgiásticos. Todos avivados por un Pneuma estupidizante.
Son ellos. Son los más bellos.
EL ÚLTIMO GRITO DE DIONISO
En una colina revestida por verdes pastizales y rodeada por bosques que quebraban el horizonte, sobre una roca elevada como un pináculo, yacía el cuerpo del cordero. Inerte. Inmovilizado. Con las patas atadas. Alambres envolvían todo su cuerpo. Finas púas nacían de cada hilo metálico y se untaban con delicadeza en la fina carne del animal. Sin embargo no emitía ni el más leve sonido y, aunque las púas se esforzasen, el rostro del cordero conservaba una pasividad incomprensible. Frente a tal escena surgió de la neblina espesa la figura de un anciano. Viejo y encorvado, con un cuerpo que parecía derretido, con masas de piel caída y avejentada. Miró al cordero con sus ojos ciegos. Y con su boca muda gritó. Con sus manos desgranadas intentó ayudarlo pero no hubo caso. Le pidió que acabase con ese circo. Que liberase a su cuerpo de tal sufrimiento. Le dijo que conocía un paraíso en la Tierra. Que no valía la pena llegar a la cresta del gallo. Tras ser víctima de una cruel indiferencia el viejo comenzó a llorar. A llorar polvo seco y asfixiante. Y en cada instante sintió que se extinguía una porción de su cuerpo. En un estado de agria tristeza se marchó dejando en su camino lágrimas de polvo. Restos de su figura resquebrajada se desprendieron con cada paso como millares de vidrios se separan al quebrarse un espejo. El viejo se había ido. El cordero estaba sólo.
SOBRE EL HAMBRE Y UN APOCALIPSIS SIN JINETES
"Miré, y he aquí un caballo amarillo, y el que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades le seguía; y le fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las fieras de la tierra".
Apocalipsis 6:8
El apocalipsis no será los cuatro jinetes, no será las plagas, no será los siete sellos, ni el falso profeta, ni los ángeles con sus trompetas, ni la bestia, ni la puta de Babilonia.
El apocalipsis será brillante, ideal, perfecto. El apocalipsis será la Nueva Jerusalén. La tierra para los 144.000 elegidos, la tierra sin oscuridad, la tierra de prosperidad y amor.
El peor error del ser humano, el más temible, es más inhumano, el más garrafal de todos, será la consumación de ese mundo feliz que nos prometen la Biblia o el Manifiesto Comunista. El mundo feliz será una fuente de unión, amor, seguridad, conformidad y demás quimeras. El mundo feliz será un paraíso donde se tendrá todo lo que se necesite, donde todos amarán al prójimo, donde florecerá la vida y donde no existirá ni la sed ni el hambre.
Sin embargo, el mundo feliz no hará más que convertir al hombre en nada, será una muerte viviente, un hogar para sarcófagos sonrientes. Porque el peor pecado (peor que la dulce lujuria y la noble vanidad) sería quitarle al hombre su circunstancia, crear un ambiente artificial plagado de enceguecedora satisfacción, orgásmica y eterna.
Qué perdería el hombre? Su campo de batalla! Se le quitaría la enfermedad, la discordia, la guerra, el sufrimiento, el hambre, la peste, la muerte. Se le quitaría el rol de soñador, rol que cumple la persona insatisfecha, la persona que tiende a más, la persona que lucha por calmar su dolor terrenal. El hombre insatisfecho y desesperado crea dioses, crea significados, crea mundos, crea verdades, se atormenta con la enfermedad racional y se funde en una lucha cruda y explícitamente biológica. Es más valioso el hambre que el plato de comida.
Quitarle al hombre su mundo de combate, de llanto y tristeza, es también quitarle la felicidad pura, la sensación viva de felicidad, el poder ser feliz y a la vez ser conciente de ello. En el mundo feliz todos serían mentes estancadas, sedentarias, neutralizadas ya que jamás habría una necesidad, pues no habría nada que se pierda, nada que falte, nada con lo que se sueñe.
Desde el paraíso cristiano hasta la sociedad igualitaria marxista pasando por la utopía anarquista son sueños, que finalmente concretados, no serían más que inhumanas pesadillas.
Basta con pensar en un moribundo y famélico hombre que lleva días perdido en el desierto, respirando calor, arrastrándose en la arena, sin agua ni comida. Imaginar de repente que encuentra un charco de agua en medio de las dunas interminables. Ese charco de agua será único en su vida, un verdadero placer, un maravilloso milagro, agradecerá a la tierra y al cielo por ese regalo. Y lo más valioso de todo será que, al haber comprendido el valor de su charco de agua, dedicará su vida a buscar otro, y así creará un sueño, un sueño de charcos paradisíacos con aguas cristalinas y deliciosas.
Sin embargo que hay de el otro hombre? Ese que todos los días bebe litros y litros de líquido sin ninguna carga mística ni milagrosa. Ese hombre jamás conocerá el verdadero placer de beber agua. Así es la felicidad, se saborea verdaderamente cuando es como ese charco de agua en el desierto. Mejor eso a que sea bebida de todos los días.
Recemos por seguir viviendo y muriendo en este calvario donde al menos los sueños siguen existiendo, donde no hay panacea universal ni cura contra la muerte pero hay hambre: la necesidad de alcanzar lo lejano, perfecto y absoluto, la búsqueda por anular el dolor, la pena y la enfermedad, la verdadera esencia de un retorcido modelo de libertad.



El niño Papa, como todo niño, se encuentra en un período de vida que consiste en la asimilación de datos, comprensión del entorno, adaptación a los valores, principios y tradiciones propios de cada ámbito socio-cultural (la etapa del camello, como diría Don Nietzsche).
Como todo niño, intenta integrarse a aquel conjunto de restricciones, paquetes de esteriotipos a seguir, castigos a lo considerado incorrecto, valoraciones de la realidad; motivado ni más mi menos que por la mundana voluntad de vivir, de perpetuarse, de transmitir rasgos genéticos, de expandirse, de armarse para su lucha cósmica (como diría Don Schopenhauer), de proyectarse hacia el infinito. Pero algo sale mal, los genes le hacen una mala jugada; es un niño, pero en su aspecto arrugado y colgante nos recuerda más a un octogenario, es un niño, pero su cabeza nos recuerda a una papa.
Conocidos son los motivos de la llamada atracción sexual, es decir, ciertas estructura físicas que comunican si un sujeto es apto para la reproducción, fuerte para mantener segura a la hembra y a los retoños saltarines ¿Qué puede comunicar a una chica un niño con cuerpo liliputiense y cabeza titánica surcada por arrugas y con forma de vegetal?.
Esa es la esencia del niño Papa, la no adaptación a la vida cotidiana (que calma el inevitable miedo al porvenir, el miedo a la circunstancia que ponga en juego la supervivencia). Ante esto, él optará, como verán en próximas tiras, por acabar con aquellas estructuras sociales que lo tiraron por el inodoro y por recrear su metodología de supervivencia.
"Che" Guevara.
Preparando a las nuevas generaciones para la era nuclear...

HACE 30 AÑOS...
_Me pregunto como pueden reír frente a aquel lóbrego paisaje que expone un sin fin de burlescos escombros que reposan dispersos sobre tierras desfiguradas por bombas y mentiras.
Me pregunto como pueden disfrutar la comida si su aroma se entremezcla con el hedor de aquellos cuerpos inanimados que los rodean como si tratase de una idílica reunión familiar.
Me pregunto muchas cosas que no buscan repuesta alguna.
Al otro día la escena se repite.
Y al otro.
Y al otro.
Y al otro.
Decido ya no hacerme más preguntas.
Preparo mi comida y los acompaño en el picnic.
Creo que finalmente somos felices.
FIN
Braindead (Your mother ate my dog!) Aunque no puedan creerlo el director de esta película bizarra y grotesca es Peter Jackson, el mismo de The Lord of the Rings y King Kong (la versión nueva, obviamente).
Se trata de gran aporte al consagrado cine gore que tuvo sus comienzos con
Night of the Living Dead (George Romero-1968) y que se fortaleció con películas como The Texas Chainsaw Massacre (Tobe Hooper-1974). Lo esencial de esta subclasificación del cine del terror es la exposición desinhibida y explícita de todo tipo de entrañas, líquidos viscosos y demás repugnancias.
Y a esta película le sobran esos aderezos.
Recomendable por los siguientes motivos:
-Una pieza elemental del cine gore.
-Un sin fin de carcajadas.
-Tal vez un vómito.
-Además podremos ver desde zombies besándose hasta un sacerdote dando saltos y patadas sobre los casi muertos.
Curiosidad:
-Peter Jackson es el encargado de la sala de embalsamamiento.


"Vagaba por tierras arrasadas en encrucijadas absurdas, caminando sobre los restos de lo que alguna vez habían sido hombres, rodeado por inútiles bastiones de perfección que brillaron como el metal aquellos días en que las gallinas danzaban sobre estas tierras, pero ahora todo aquel juego nefasto se deshacía ante mis ojos devorado por las impías fauces del tiempo.
Fue entonces cuando en el horizonte se elevaron extrañas figuras de colores anunciando la llegada de la Reina.
No elevaba cruces ni banderas, ni promesas de un mundo mejor y cuando se me acercó fui esclavizado por sus magistral figura.
Siluetas que destellaban un envolvente caudal de enagenación.
Me sumergí en aquel río cristalino y nade en sus aguas por el resto de la eternidad".
Por cierto, la muestra inaugura este jueves 1 de febrero en el Museo de Arte Moderno de Mendoza (MAMM).
Y si no les interesa un joraca, vayan, que al menos van a estar las reinas de carne y hueso.
DIOSES Y LANGOSTAS
Allí donde espacio y tiempo no acosaban la existencia moraban los seres creadores. Dotados de la evolución espiritual más pura por hallarse aislados de las barreras que significaban las circunstancias, aquellas que moldeaban a los seres al ritmo de los segundos creando un vacío infinito entre la esencia única y la eternidad, que obnubilaban la vida con sentimientos impuros.
Dos de aquellos seres que nunca nacieron y nunca caducarían decidieron concebir lo efímero, una cáscara que recubriera a la esencia única, una cáscara que perecería para dar lugar otra que tendría el mismo destino.
Arrojaron a su creación al mar de probabilidades infinitas del caótico espacio-tiempo.
Un haz de vida en la penumbra.
El tiempo pasó y ya no sólo fue uno, sino millones de haces fluyendo errantes y siendo destrozados por las fauces del tiempo, víctimas de un proceso de eterna metamorfosis, muriendo, para luego transformarse en otro haz de vida y con el paso de los años perecer nuevamente.
Se formaron civilizaciones.
Los seres creadores, dueños del equilibrio del todo, observaban a sus hijos con precaución mientras se despertaba dentro de su etéreo ser un sentimiento de implacable curiosidad.
Ese fue el peor de sus errores.
Los seres creadores cruzaron el umbral del espacio-tiempo para internarse en las amplias extensiones de su propia creación.
Rius, uno de los señores se acaparó de una de las civilizaciones alegando que eran sus verdaderos y únicos hijos. Giub estaba convencido de que sus hijos eran impuros y miserables por lo que buscó a Dab, quien en cambio vio florecer en su interior un festín de emociones y pasiones que proyectó sobre Giub. Fue entonces cuando Giub, dotado de uno de los más magníficos poderes, aquel que permitía acabar con la esencia única de los mismos dioses, asesinó a Dab, acusándolo de haberse corrompido en su propia encrucijada por comprender a su creación. Pyof, enfurecido por tal acto, sumió en el fuego divino a miles de haces de vida para amenazar Giub. Ante tal acto, Rius enceguecido por el rencor asesinó a Pyof y cuando finalmente se encontraron Giub y Rius lucharon fervientemente durante milenios hasta que ambos se redujeron a migajas cósmicas.
Fue entonces cuando el salto de una langosta produjo el colapso del Universo.
FIN

film tan nauseabundo que me costó, luego, cenar ... su nombre era "Pink Flamingos" (John Waters-1973). Una película donde lo asqueroso trata de ser arte. Les advierto, véanla sólo si tienen estómago fuerte, y asegúrense de ya haber degluído la comida, al menos que quieran sufrir un proceso de retroalimentacción alimentaria. Por cierto, la película es una mierda, pero una mierda que hay que ver, puesto que no hay ninguna película que se le equipare en los desagradable y repugnante.
Ideas que van e ideas que vienen.





FREAKSTORIETAS
Falleció the crazy diamond ... el disoluto y retraído Syd Barret ...
HOMBRE GALLINA
Falso resplandor